El tarot que buscas

El tarot que buscas: qué baraja y qué formato te van

Barajas de cartas en cajas de colores rojo, azul, mostaza y verde sobre una estantería de madera, junto a unos libros de lomo liso

Decir «quiero una lectura de tarot» es como decir «quiero ver una película». Hay muchas clases, se pueden ver en el cine o en el sofá, y lo que a una persona le encanta a otra la aburre.

Esta web va de eso: de aclarar qué tipo de tarot encaja con lo que tienes en la cabeza antes de buscar a nadie. Tres decisiones lo resuelven casi todo.

La baraja

La mayor parte de las lecturas se hacen con una de tres barajas. El tarot de Marsella tiene dibujos sencillos y antiguos, y quien lo usa suele fijarse mucho en los detalles y en cómo se relacionan unas cartas con otras. El Rider-Waite-Smith pone una escena en cada carta, y las lecturas tienden a ser más narrativas, casi como contar una historia. El Thoth, de Aleister Crowley, es el más simbólico: lo eligen lectores con mucha formación en astrología o cábala, y sus lecturas a veces son difíciles de seguir si no se conoce ese lenguaje.

Luego están los oráculos, que no son tarot aunque se parezcan. Tienen el número de cartas que decide su autor, con textos o imágenes propias, y no siguen la estructura de arcanos mayores y menores. Hay quien los prefiere precisamente por eso. La diferencia está explicada en tarot, oráculo o Lenormand.

El formato

Una lectura en persona, con la baraja sobre la mesa, no se parece a una por teléfono, aunque el lector sea el mismo. En persona ves las cartas y puedes preguntar señalando. Por teléfono solo escuchas, y hay a quien eso le ayuda a concentrarse. El chat deja la lectura por escrito; la videollamada está en medio.

Ninguno es mejor en general. Depende de cómo te gusta conversar, y de eso trata la página sobre formatos de consulta.

Tirártelas tú

La tercera opción es no preguntar a nadie. Mucha gente compra una baraja, aprende las cartas poco a poco y se hace tiradas pequeñas: una carta por la mañana, tres para pensar sobre una decisión.

Tiene ventajas claras. No cuesta más que la baraja, no hay que contar tu vida a un desconocido y se aprende mucho de las cartas. El inconveniente es que es difícil leerse a uno mismo con distancia. Si estás deseando que salga una carta concreta, verás esa carta en todas partes.

Para empezar así, el Rider-Waite-Smith suele ser lo más cómodo, porque las escenas ayudan a recordar.

Antes de elegir

Pregúntate qué esperas sacar. Si es entretenimiento, curiosidad o un rato para pensar con otra perspectiva, cualquiera de estas opciones sirve. Si lo que buscas es una respuesta a un problema de salud, de dinero, legal o de pareja grave, el tarot no es el sitio: para eso están el médico, el asesor, el abogado o el psicólogo.

Y una regla que vale para cualquier formato. Quien lee el tarot no debería pedirte dinero extra para «quitar» algo malo que ha visto en las cartas. Si pasa, corta la conversación.

Para elegir